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lunes, 4 de julio de 2016

"Formar equipos de trabajo": un buen símil con el deporte

Tomar un respiro..., siempre lo he identificado con volver a retomar aquellas tareas que uno disfruta haciendo, esas cosas que están fuera de la rutina laboral y del ajetreo en el que se puede estar inmerso en estos tiempos. Es por ello que hoy retomo las "buenas costumbres" y traigo un tema para este blog, del que siempre me gusta hablar, y del que en el mundo laboral, para mí, siempre será clave: tener un buen equipo de trabajo.

Leyendo El pequeño libro de la superación personalde Josef Ajram, me encantó leer un símil digno de resaltar. Un símil que, desde mi punto de vista, ofrece una visión real y una forma de ver que una persona actuaría de la misma forma a nivel profesional de cómo lo haría en un pelotón ciclista en su "salida típica de domingo"

Ajram apunta en su libro que en un pelotón ciclista se podrían encontrar los siguientes tipos de personas:

"- Los gregarios: aquellos a los que les da igual si hace viento o si no lo hace, si hace calor o frío. Están dispuestos a ponerse delante para hacer avanzar al grupo, sabiendo que cuando llegue la subida éste los dejará; les da igual, su compromiso con el equipo es total, disfrutan haciendo feliz al resto. Mientras ellos sufren, sus compañeros pedalean a la misma velocidad hablando y riendo.

- Los del quiero y no puedo: aquel ciclista al que le encantaría ayudar. Pasa a dar un relevo cuando el pelotón va a 40 kilómetros por hora en el llano pero se da cuenta de que no puede. Muestra interés, compromiso o voluntad, pero su calidad o talento en ese momento no se lo permite y, para no molestar a la marcha del grupo, decide retirarse a posiciones más retrasadas del pelotón.

- El especialista: aquel ciclista que es consciente de dónde es bueno. Normalmente suele ser en las subidas. Decide reservar fuerzas para cuando llega el terreno empinado y, en ese momento, decide ayudar al grupo, sustituyendo a los gregarios que han hecho la aproximación, dándoles un poco de oxígeno, adaptando el ritmo adecuado para que el pelotón siga unido y así, cuando acabe la subida, seguir avanzando todos juntos.

- El rancio: aquel ciclista que podría ser gregario por su estado de forma, pero que decide no pasar a relevos ni ayudar al grupo para no tener dificultades en la subida. Su estado de forma es excepcional, no tiene motivos físicos para no entrar a ayudar al grupo, pero es una persona que no arriesga, es excesivamente conservadora y no contempla el riesgo en su forma de actuar en el día a día.

- El oportunista: aquel ciclista que sólo piensa en su beneficio. No da un solo relevo ni en el llano ni en la subida pese a estar en un estado de forma excepcional, pero a la que divisa el final de la subida, no duda en lanzar un ataque al grupo para engrandecer su ego y pensar que es el mejor de la grupeta. Una sensación errónea matemáticamente ya que, a nivel esfuerzo, es el que menos ha contribuido y el que más energía ha reservado."

Tras la genial descripción anterior, decir que, cómo dice Ajram, está claro a quién querría para mi equipo de trabajo. Se trata de tener a los especialistas y mejor preparados, a los que quieren y quizás no puedan, a los gregarios que aunque las condiciones sean adversas darán todo por el grupo, a los que como se suele decir, tengan talento, el talento que llamo yo, al de trabajar para un objetivo común, en el que imperen los apoyos y las ayudas.


Espero que este post haya sido de interés, y como no, recomendar la lectura del libro de Josef Ajram.


Hasta otra, ¡un saludo!

Álvaro Alcolea

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Diferencia: líder sabio vs líder inteligente, ¿con cúal quedarse?

La diferencia entre un líder sabio de uno inteligente a simple vista puede ser imperceptible, sin embargo, las actitudes y aptitudes de cada uno de ellos son muy diferentes.

Veamos sus diferencias a través de un esquema:


En vista al esquema anterior hablamos de dos tipos de líderes. Existen líderes que no solo no escuchan sino que hacen pocas preguntas, es decir, son todo transmisión y nada de recepción, estos líderes pueden entrar en el cupo de los considerados inteligentes. Estos líderes aprenden pocas cosas de las personas inteligentes que les rodean, ya que con ellos nadie se siente escuchado ni respaldado.

Para estos líderes se les recomienda seguir el consejo de John Wooden, considerado el mejor entrenador de la historia de la NCAA: "Escuche a quienes están bajo su supervisión. Escúchelos de verdad. No actúe como si estuviera escuchando mientras le entra por un oído y le sale por el otro. Fingir que se escucha es peor que no hacerlo" 

Por otro lado están los líderes sabios, desean aprender todo aquello que ignoran. Actúan con gran valentía ante situaciones que se les plantean en el momento, sin descartar la posibilidad de estar equivocados y están, además, dispuestos a aspirar a un saludable equilibrio entre el coraje y la humildad.

Para terminar esta entrada, llegamos a la conclusión de que aquellos líderes incluidos en el grupo de los inteligentes son los mismos que tienden a la arrogancia, suelen ser poco sensatos, aunque no por ello inseguros. En cambio, los sabios tienen opiniones sólidas que apenas defienden, con el objetivo de poder retractarse cuando hacen frente a hechos que las contradicen. La actitud que brindan los líderes sabios es el camino a seguir hacia el éxito.

Les dejo con un consejo de Andrew Grove con el que anima a los directivos a actuar con determinación, aún cuando no sepan lo que están haciendo: 

"Actúe de acuerdo con lo que piensa en todo momento como si no hubiera ninguna duda; y cuando se dé cuenta de que está equivocado, corrija el rumbo con suma rapidez"

¡Un saludo a todos!

viernes, 5 de septiembre de 2014

La habilidad directiva del ingeniero (Parte I)

Un ingeniero, por su perfil profesional, está llamado a ser uno de los líderes naturales en cualquier proceso de creación, gestión y realización de proyectos. Se trata comúnmente de aplicar temas genéricos de organización y gestión de recursos para llevar a cabo un objetivo común, la elaboración de un proyecto de la forma más óptima posible.

En esta primera entrada voy a hablarles de la forma correcta de obrar por parte de un líder de proyecto, lo que se suele dominar puramente como un jefe o jefe de proyecto en estos casos.

Para esta vez les hago referencia al libro "Buen jefe, mal jefe" de Robert I. Sutton. Hasta el momento (por lo que he leído de él) lo considero un buen libro que todo jefe que se precie debería leer. Plantea lo que todo jefe o líder debe aprender para conseguir ser cada día mejor ante sus subordinados.

Hoy, voy a comentar los consejos que recomienda llevar a cabo por un líder, al realizar una nube de ideas y una batalla posterior para eliminar las peores, y quedarnos con la mejor o las mejores ideas.

A un buen jefe (considerado en el libro, un jefe sabio) le gustan las buenas discusiones. Como índica el libro, "Montones de estudios demuestran que, cuando la gente se enfrenta por una idea y lo hace con respeto mutuo, es más productiva y creativa" 

Karl Weick capta la esencia de una buena discusión con esta frase "Discuta como si tuviera razón, escuche como si estuviese equivocado"

A continuación sigue la lista de consejos para dirigir un buen enfrentamiento en un equipo de trabajo:
1. No empezar el debate hasta que todo el mundo comprenda el desafío o el problema al que se enfrenta.
 2. No discutir mientras se generan ideas o soluciones (nube de ideas); hacer que la gente se sienta cómoda para proponer ideas disparatadas o controvertidas. Cuando tenga unas cuantas ideas, invite a su equipo a echarlas por tierra.
3.  Si alguien se pone agresivo, tómese un descanso y pídale que deje de soltar veneno. Preste especial atención a los graciosos que profieren insultos devastadores disfrazados de chistes y burlas.
4. Anime a todo el mundo a discutir. Acalle educadamente a quienes hablan demasiado e invitar a quienes guardan silencio a entrar en la refriega.
5. No se limite a escuchar las palabras de los demás; observe su lenguaje no verbal. ¿Sonríen? ¿Escuchan de verdad? ¿Miran furiosos, sonríen con suficiencia o ponen los ojos en blanco? Tome como modelo un lenguaje no verbal constructivo y reconduzca al grupo que interviene con expresiones negativas (quizá involuntariamente).
6. Ponga especial cuidado en invitar a los tímidos o nuevos o a quienes se hallan en lo más bajo de la jerarquía a que expresen sus opiniones y defiéndelas con energía de los posibles ataques personales.
7. Descubra las rarezas de cada uno. A algunos de ellos nada les hace mella: no se inmutan ante una grosería. Otros son tan susceptibles que la crítica más comedida les infunde cólera o desánimo.
8. Una vez que la discusión se haya resuelto, asegúrese de que el conflicto y las críticas cesan. Ha llegado el momento de desarrollar y aplicar las ideas acordadas. Prohíba al grupo que insista en que su "gran idea" se ha visto acallada o en las críticas manidas hacia las ideas "ganadoras".
9. Cuando el debate haya finalizado, trabaje entre bastidores. Calme a quienes se sientan atacados y piensen que sus ideas han quedado aparcadas. Llame la atención y aconseje a quienes han proferido ataques personales. 
10. Pese a la capacitación y el asesoramiento cualificado, algunas personas pueden ser demasiado groseras o muy sensibles a las críticas. Tal vez tenga que excluirlas de futuras batallas, ya que sus debilidades pueden hacer imposible que otros participen en un debate constructivo.

Aquí termina esta entrada dedicada al enfrentamiento constructivo en un equipo de trabajo, llevada de la mejor manera por un buen líder.

En adelante seguiré exponiendo más habilidades directivas que debe tener muy en cuenta un ingeniero.

¡Un saludo a todos!